miércoles, 26 de mayo de 2010

Claudio Tolcachir: Yendo del off a Corrientes

Foto: GERMAN GARCIA ADRASTI

Dirige "Agosto" y "Todos eran mis hijos". También inaugura nueva sala en el barrio de Boedo.

Por: Camilo Sánchez

El grupo de Timbre 4 funciona con mucho deseo por la felicidad del otro. Queremos que le vaya bien al otro. Estar juntos y que nos realicemos, dentro y fuera de Timbre 4. Nos enseñamos a no creernos ninguna cosa, ni a entrar en la tristeza si algo no nos sale bien.

Lo que me salva es considerarme en estado de aprendizaje siempre. Cuando me llaman del teatro comercial, lo que pienso es en la posibilidad de trabajar con gente que me genera admiración: Llinás, Aleandro, Morán, Capello, Tenuta. El gusto de trabajar con ellos. Eso facilita las cosas.

La incertidumbre de este trabajo no se te va nunca. Pero estoy atravesando ahora una etapa de felicidad sin miedo.Cuando se trabaja con gente querida, se aplaca el fantasma de cómo te va a ir, porque uno ya es feliz trabajando con quienes ha elegido. Eso alivia el trayecto.

Extraño mucho la actuación. Más que trabajar, lo que extraño es el proceso de crecimiento que me significaba la actuación. Lo que aprendí cuando me dirigió Veronese.

Ante los grandes actores que me tocó dirigir, no podía pensar en la tontería de demostrar lo que sabía. Igual, me encontré con personas con tanta historia que frente a un muchacho de 35 estaban dispuestas a escuchar. Ahí te das cuenta por qué sus cabezas son grandes.

Una cosa grupal muy grande fue el momento en que Los Coleman pisamos España juntos. No se pensaba en términos de éxito: estábamos pisando España juntos.

Es raro una vocación que después te permite pagar la luz y el gas, con algo que uno hace por las mismas razones que el primer día: porque te gustaba jugar.

Lo colectivo del teatro es imporante, al entender que todos formamos parte del engranaje, se aprende mucho de la vida. Susana y su hija Emilia limpian el teatro, por ejemplo. Es un trabajo enorme, y lo hacen con mucha entrega, porque además aman el lugar y ven las obras varias veces. "Cuando vi los Coleman entendí algunas cosas de mi vida", me dijo Susana. Eso vale mucho.

El teatro es una respuesta al vacío. Cuando me llega una obra del circuito comercial la leo con mi grupo: ahí se me ocurren cosas. Escuchar las voces de una obra abre compuertas. Con algunos de Timbre 4 venimos de los 14 años, del secundario y del estudio de Alejandra Boero. Estuvieron cuando quise empezar a dirigir, siempre tuve la respuesta de dale, qué querés hacer. Y después, cuando escribí, lo mismo, algo va a salir. Sin ellos no hubiera escrito, ni dirigido, ni habría tenido esta sala.

Con lejandra Boero, mientras se jugaba el Mundial y había cuatro personas en la sala escuché por primera vez eso de La función es sagrada.

Cuando empiezan los ensayos, está claro que el actor y el director quieren lo mismo: que el actor esté bien. Si el actor se siente cuidado, le sale lo mejor. Porque está muerto de miedo. En el fondo, pueden parecer que no escuchen o sean soberbios: pero es pura defensa.

De Norma Aleandro, Alejandra Boero, Juan Carlos Gené o Daniel Veronese, de todos mis maestros, lo que aprendí no es lo que decían sino la manera de mirar.

En cada crisis personal salí bien. No tenía trabajo como actor: me puse a dirigir. No tenía obra: me puse a hacer una. Quizá eso haya ocurrido con el país que genera tanto fervor teatral. Una manera de responder al sin futuro.

Tuve experiencias como actor: buenas y malas. Y de las malas, aprendés mucho. Cuando te sentís muy solo y te decís: esto no se lo quiero dar a nadie. Antes era mucho más malhumorado. Como director es fácil enojarte, pero hay que buscar otro camino, porque el actor quiere lo mejor, y no le sale.

Hay un punto en que siempre están mal mis obras. A veces veo sólo los errores.

Tanto en Timbre 4 como en el circuito comercial me interesa llegar a la noche del estreno con la sensación de presentar un trabajo grupal. Cuando se logra el sentimiento de que la obra es de todos, y que todos, escenógrafos, actores, técnicos, estamos poniendo el pecho a las balas, a lo que venga: ahí sentís que lograste algo interesante. El resultado, siempre, es otra cosa.

Fuente: Clarín