jueves, 27 de mayo de 2010

Interesante juego escrito por Veronese

La terrible opresión de los gestos magnánimos, con tres actores estupendos

Un buen elenco con una acertada conducción

La terrible opresión de los gestos magnánimos . Autor: Daniel Veronese. Intérpretes: Gabriela Julis, Jorge Laplace y Maite Velo. Luces: Omar Possemato. Escenografía: Verónica Capotosto, Daniela Sóñora. Asistencia general: Fernando Rodil. Dirección: Florencia Suárez Bignoli. En Andamio ?90 (Paraná 660). Sábados, a las 23. Duración: 60 minutos.
Nuestra opinión: buena

Un grupo familiar. Un triángulo -madre/padre/hija- en el que el afecto no logra colarse por ningún agujero de la casa que comparten. Hablan casi sin comprenderse. Explican cuestiones que sólo parecerían importarle a cada uno. Pero, a la vez, luchan por defender ese espacio que les ha tocado en suerte, porque la vida lo ha querido así.

Pero, ante tanta palabra que agobia, algo está dejándose de lado: son unos pequeños gestos que, podrían remediar muchas de las situaciones conflictivas que transitan y hacer que las relaciones se normalicen, encaucen y fortalezcan.

Se trata de una dramaturgia construida por pequeñas situaciones, potentes, ricas expresivamente, que requieren de unos intérpretes seguros a la hora de construir sus personajes porque, más allá de sus acciones, están exclusivamente definidos por unas conductas de cualidades manieristas que, puestas en juego, los torna provocadoramente patéticos.

La dirección de Florencia Suárez Bignoli es muy ajustada en lo actoral, sabe sacarle partido a sus actores y, cada situación, tiene una riqueza particular. El ritmo del espectáculo es intenso y en ese juego que construye asoman con claridad cada una de las particularidades de unos seres reconocibles (bien interpretados por Gabriela Julis, Jorge Laplace y Maite Velo), tanto por su crueldad como por esa necesidad de moldear al otro dentro de unos parámetros que resultan, por momentos, increíbles.

No resulta acertada la imagen general del trabajo. La escenografía y el vestuario están diseñados para un mundo y uno personajes absurdos, alocados, y no es el caso de esta familia que concibe Daniel Veronese en su texto, ni tampoco el que la dirección de Suárez Bignoli define.

Carlos Pacheco
Fuente: La Nación