domingo, 30 de mayo de 2010

Lido Iacopetti, “Para mí la pintura es un canto a la libertad”

Lido Iacopetti

“Para mí la pintura es un canto a la libertad”

Próximo a inaugurar varias muestras en la ciudad de La Plata y en Buenos Aires, Lido Iacopetti, me recibe en su casa, junto a su esposa y compañera Teldy. Con su habitual amabilidad, comenzó este relato cargado de reflexiones, anécdotas y vivencias artísticas.


Nacido en San Nicolás de los Arroyos, este multifacético artista vive en La Plata desde 1958, ciudad que adoptó porque un amigo lo incitó a inscribirse en la Escuela Superior de Bellas Artes, lugar que lo vio crecer y desarrollarse como artista.

- Cuénteme sobre sus comienzos en la pintura.

En San Nicolás ya había estudiado pintura. Mi padre pintaba, se respiraba en mi casa esa atmósfera típica de familia italiana, donde el arte era palabra mayor; de chiquito se me despertó el interés por lo estético. Escribía novelas, poesía, dibujaba, y en un momento aprendí que no podía dedicarme a todo y como lo que más me gustaba era trabajar con la imagen, el espacio y el color, por una vocación interna, seguí pintura. A la carrera no la terminé, seguí pintando por mis propios medios.

Tuve maestros en La Plata como Martínez Soliman, Pacha, Elgarte, López Anaya, entre otros. En forma paralela estudié Profesorado en Historia del Arte, carrera que terminé.

Dediqué mi vida al arte, agradezco eso. Hay que renunciar a muchas cosas para dedicarse a una vocación así, porque no lo hice por cartelera ni por el mercado artístico, nunca tuve ganancia, porque no viví de la pintura sino para la pintura. Esa es la diferencia sartreana: uno dice qué, por qué y para qué. No entré en el circuito comercial, y pagué mi precio.

Fue peor el costo cuando en una época decidí no mandar obras a los salones.

- ¿Recuerda alguna anécdota de sus épocas como estudiante?

Anécdotas tengo muchas, era mi época de bohemia. Mi taller estaba en una casa en demolición, la única habitación que no se llovía era donde yo pintaba. Y mi compañera ocasional era una ratita que de vez en cuando recorría el lugar, a quien representé en una de mis obras (Elefante con maceta, 1964 – Óleo sobre tela).

En ese entonces, comía salteado, a veces cuando podía me compraba medio kilo de falda. Recuerdo que había ido a la carnicería y una señora adelante mío había hecho una compra abundante; cuando estaba por terminar compró un kilo de falda y aclaró que era para su perro. Cuando me tocó el turno a mí, el carnicero me preguntó: “vos pibe, ¿qué llevás?”, y le respondí: “medio kilo para el mío”. En la pensión cuando compartí ese medio kilo de carne con mis amigos, ladraba. Eran otras épocas… Corría el año 1962….

También recuerdo que en mis primeras épocas no tenía caballete entonces usaba una puerta para trabajar. Un día llegó el profesor César López Osornio y al ver mi situación me regaló uno. Es el día de hoy que lo sigo usando como principal, aunque cuento con otros dos.

- ¿Cómo se definiría?

Autodefinirse es muy difícil. En mis comienzos me tenía que ubicar dentro de una corriente, para conceptualizar lo que estaba haciendo en ese aspecto, tuve la idea de poner nueva imaginación a mi pintura; era el año 1965. Aquí, en La Plata, ese tipo de imagen no se estaba elaborando, por lo menos a nivel oficial. Para mí la pintura es un canto a la libertad, una constante búsqueda por mejorar la condición humana. Siempre busqué la originalidad, porque creo que es importante encontrar el origen, jamás me he creído una persona especial ni un elegido de Dios, yo he tenido la capacidad de ser un tipo llano, simple, y dentro de esa simplicidad he buscado crear, he buscado el origen, he llegado a buscar una identidad que tenga que ver con mi paisaje, con mi entorno, conmigo. No me gusta ser un continuador. Siempre me gustó ser un solitario.

- ¿La búsqueda de nuevas formas en el arte fue una constante en su vida?

Exacto, siempre busqué la originalidad. Para mí el arte es encontrarme con el origen; no por ser distinto, nunca tomé el papel de personaje, tengo mi propio perfil.

Me gusta la experimentación, eso metamorfósico que hacía en los años 60. A la gente acá le resultaba algo inédito y yo pagué por eso, fue una pintura que no era aceptada por coleccionistas o en los salones.

- ¿La propuesta estética que se propuso en sus comienzos sigue vigente?

Siempre tuve continuidad con relación a mis principios estéticos, yo traté de mantener una actitud en mi trabajo de creación, de búsqueda, bastante impulso, exigiéndome la creatividad. Siempre estoy inspirado, por mí pintaría todo el día. De a poco fui reconocido.

Me valoran la continuidad que he tenido en mi vida con respecto a mis principios estéticos.

- ¿Recuerda cuántas obras lleva realizadas?

He llegado a las 10 mil obras que se encuentran en museos, escuelas, bibliotecas y colecciones particulares de todo el mundo. Hay cuadros míos en el Museo de Arte Moderno de Perú; en el de la Comuna de Nócaro, en Italia, y en el de Arte Latinoamericano de Florida, en EE.UU, entre otros lugares.

He donado a muchísimas instituciones públicas.

Con un estilo inconfundible, la obra de Iacopetti, en su inalterable búsqueda de mejorar la condición humana a través del arte, refleja una constante lucha por u la libertad artística y humana. Esto lo pude comprobar en su taller y en su casa, lugares donde me vi rodeada de esa esencia particular que se plasma en sus obras. Caracterizándose por incorporar el lenguaje del color y de la forma en un espacio lleno de poesía, de imaginación, logra un código diferente: “quiero alcanzar la conjunción cósmica que me lleve a una situación de génesis, de búsqueda del principio”, agrega en su relato.

Siempre fue un artista que rompió con los moldes académicos preestablecidos y un experimentador, tanto en lenguajes plásticos como en circuitos de circulación, realizando experiencias innovadoras para acercarlas al común de la gente, como por ejemplo transformar comercios barriales en lugares de exposición. “Busqué llevar el arte a todos los lugares haciéndolo accesible a todo el mundo -dice. Además de las galerías, lo llevé a lugares comunes donde la gente transitaba; algunos desvalorizaban la obra porque estaba expuesta en una rotisería o en una zapatería, entre otros espacios no convencionales”.

Iacopetti ejerció la docencia en el Bachillerato de Bellas Artes, Enseñanza Artística y Superior, y en los Colegios Carlos Vergara y Nacional de La Plata, donde trabajó con Edgardo Vigo, a la par que pintaba: “siempre digo, tengo setenta por ciento de taller y treinta por ciento de docencia, promedio que trabajé toda la vida”.



- ¿Qué pretendió dejar como legado a sus alumnos?

Pienso escribir mi testamento docente para la enseñanza, aunque en mi libro “Buichos estéticos IV, notas de un pintor” documenté publicaciones, manifiestos y folletos, condensando mi pensamiento y mi visión del arte y de la realidad. Cuando enseñaba pintaba con las palabras, les transmitía mi experiencia estética. Hoy muchos me lo agradecen.

Escribí también muchos manifiestos. El objetivo era comunicarme con la gente y expresarle cuáles eran mis ideas. En la década del 60, 70 había un afán por cambiar, por renovar. Cada uno lo hizo a su manera.

Creía fervientemente en el cambio del ser humano y de la sociedad como fin del hecho estético. Y lo sigo creyendo. Nunca tuve una división entre la pintura y la enseñanza.

Para Iacopetti, el arte es participación total, creación, liberación, superación, entre otras cosas.

- ¿Siente que ha concretado sus ideales?

No creo, yo he concretado mi propuesta, pero no puedo decir que concreté mis ideales porque la sociedad que yo soñé no es esta sociedad en la que vivimos, especulativa e insegura, resultado de una política cultural que se viene llevando desde años.

Más allá de no haber concretado mis ideales volvería a recorrer el camino de la bohemia que algún día empecé. No me arrepiento de nada y siento que la vida me ha regalado mucho. No pido nada más.

A lo largo de esta charla reconocí a un Iacopetti efusivo, apasionado por su arte, por sus convicciones, por sus ideales y su manera de vivir. Por eso, para cerrar esta nota, considero que la siguiente anécdota termina de pintar a este maestro: “cuando se formó el Movimiento de Arte Moderno en La Plata, año 1965, formé parte del grupo. La inauguración era en el Museo Provincial de Bellas Artes y venía a la misma el crítico Jorge Romero Brest, desde Buenos Aires, para presentar la muestra. Por un olvido omitieron en el catálogo mi nombre, no figuraba entre los 8 pintores que integraban al grupo. Para asombro de los organizadores, levanté mis 3 obras y me las llevé. En el momento de la inauguración quedó la pared en blanco. En ese tiempo reconozco que tenía un fuerte carácter, me decían “gringo caliente”. El tiempo fue madurando mi espíritu”. t

Contacto:

lidoiacopetti@yahoo.com.ar Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

Nota: Lic. Cuca Aramburú

cucaaramburu@hotmail.com Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

Fotos: Cony Agesta

Perfil

Lido Iacopetti nació en San Nicolás de los Arroyos, provincia de Buenos Aires, en el año 1936. Egresado de la Facultad de Bellas Artes, Universidad Nacional de La Plata, con el título de Profesor y Licenciado en Historia de las Artes Plásticas.

Participó en varias exposiciones individuales y colectivas en el país.

Sus más de 10 mil obras se encuentran en diferentes países del mundo y en múltiples escuelas, museos, instituciones y colecciones privadas.

Además de pintor, es autor de varios libros y publicaciones.

Realiza anualmente los almanaques Pro-Infantia, Fundación para la Promoción del Bienestar del Niño, Hospital Zonal especializado “Dr. Noel H.Sbarra”- La Plata

Fuente: http://aquilaplata.com/destacados/lido-iacopetti-para-mi-la-pintura-es-un-canto-a-la-libertad.html