lunes, 28 de febrero de 2011

“¿Carisma o disciplina?”

Armando de la Torre

Creo que Chepe toca un nervio sensible. El “carisma” de un líder en absoluto es garantía de su habilidad para gerenciar.

A propósito de la campaña electoral anticipada, Chepe Áscoli publicó un artículo la semana pasada en este mismo diario con tal título. Su comentario se suma a un creciente número de opiniones inteligentes que, por fortuna para Guatemala, salen a la luz.

Creo que Chepe toca un nervio sensible. El “carisma” de un líder en absoluto es garantía de su habilidad para gerenciar. La historia está repleta de caudillos en su momento muy atrayentes pero que fracasaron después. Fidel Castro, un ejemplo reciente.

Ya Max Weber distinguió el liderazgo tradicional, digamos el de un heredero en una dinastía, del “carismático”, reducible con exclusividad a cualidades personales e intransferibles en un individuo que despierta el entusiasmo de los demás. Ambos, a su turno, muy diferentes del líder meramente “legal”, aquel que por ley ocupa una posición decisoria, a la cabeza, usualmente, de una corporación pública o privada, burocráticamente organizada. En este último, la tradición o el carisma pesa menos, pero la eficiencia medida por los resultados cuenta más. Un héroe, pues, de la gris y aburrida disciplina.

Quienes logran ganar por cualesquiera de las tres vías, el que otros lo acuerpen rara vez ocurre por ser la concreción pura de una de ellas, sino más bien una combinación de las mismas, con particular énfasis en la una o en la otra.

Pero más me interesa aquí el vínculo que establece Chepe entre el “carisma” de un dirigente y el principio de disciplina organizacional.

He llegado a la conclusión de que en cualquier contienda, o esfuerzo competitivo moderno, la disciplina, a la larga, se ha vuelto el factor clave.

Los ejemplos abundan, inclusive desde los tiempos clásicos. El carismático Alejandro se impuso merced a la disciplina del ejército que heredó de su padre. Roma, por otra parte, dejó su huella permanente e indeleble en el Occidente, gracias a su disciplinada ciudadanía. Y en tiempos más próximos, el civismo disciplinado de sus súbditos hizo a la corona británica la Señora de los Mares.

Lo mismo acaece con las empresas que logran imponerse en el mercado y se tornan “marcas” de referencia junto a sus fundadores, ya sean Ford, Daimler o Mitsubishi.

Pero prefiero recordar un ejemplo que creo conocer mejor: el de la Alemania actual. Por tercera vez en dos siglos ese pueblo disciplinado toma la función de locomotora económica de toda Europa. La primera vez fue hacia 1890, cuando desalojaron a Inglaterra del primer puesto europeo en la Revolución Industrial. La segunda hacia 1936, cuando fueron los primeros en emerger de la Gran Depresión, y hoy, tras la II Guerra Mundial.

Triunfos respectivamente atribuidos por ellos mismos a hipótesis muy diferentes: al empuje nacional, cuando Bismarck; a la “pureza de la raza aria”, bajo Hitler, y ahora, más sensatamente, a “las virtudes alemanas” como la minuciosidad, la disciplina y la lealtad.

De ahí se podría derivar también una explicación para la victoria del Ejército de Guatemala sobre la guerrilla marxista y anárquica. Con el agravante, encima, de algo que no se quiere reconocer: que fue el “pueblo”, en su conjunto mayoritario, quien lo apoyó, en especial en las zonas rurales. Y así, una Dirección de Asuntos Civiles, no menos prolija, disciplinada y leal que los alemanes, devino estratégicamente más valiosa que la mera eficiencia táctica en el combate.

Quizás la misma hipótesis explique la ausencia en Guatemala de verdaderos partidos políticos. Demasiado cortoplacistas, adeptos por sobre todo a que Mi Familia Progrese, más a la espera de recibir que a adelantarnos a dar, olvidados, en fin a leer y a reflexionar lo suficiente como motivarnos con una entrega disciplinada a un empeño o a un propósito común.

Añadiría que quien entre nosotros pretenda liderar emule al “hombre selecto” como lo definió Ortega: aquel que se exige más a sí mismo que lo que él exige a los demás.

¿El liderazgo “alemán” o simplemente el natural?

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día domingo 27 de febrero 2011.