miércoles, 23 de febrero de 2011

¿Educar en libertad y con calidad?

Carroll Ríos de Rodríguez

Para educar seriamente a cada niño, aprovechando sus talentos e intereses, la oferta debe ser variada.

Las familias guatemaltecas vivimos ya la rutina del nuevo año escolar. Maestros y padres conversamos habitualmente sobre posibles mejoras al sistema educativo público y privado. Por eso pudiera ser de interés al lector una entrevista al presidente de la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE), Antonio Rodríguez-Campra (Mundo Cristiano, febrero 2011). Aunque obviamente los sistemas educativos de España y Guatemala son diferentes, sus observaciones parecían extrapolables a nuestra realidad.
Cuando le preguntan “¿Cuáles son los principales problemas?”, Rodríguez-Campra responde sucintamente: “Los que derivan de los ataques a la libertad de enseñanza”. Más adelante reafirma el punto: “Lo único que pedimos es un modelo que posibilite la libertad de elección de las familias, en igualdad de condiciones entre centros públicos y privados. Cualquier sistema que respete la libertad, insisto, nos parece bien. Vale el sistema del concierto o del cheque escolar, o del copago, o de la desgravación fiscal, o un mix de varios, que tal vez sería lo ideal”.


Parece que en España los padres enfrentan tres opciones: escuelas públicas, colegios privados, y colegios privados financiados con fondos gubernamentales, principalmente mediante el pago del salario del maestro. Estos terceros se llaman “concertados” y me recordaron a nuestro extinto Programa Nacional de Autogestión Educativa (Pronade). Obtienen mejores resultados pedagógicos a menor costo que las escuelas públicas, pues son más eficientes. El hecho de que los padres sean libres de elegir es clave, pues colaboran con el colegio y velan por la calidad de la enseñanza. Pero…los concertados seguramente suscitan envidias. Pueden ser hostigados por las autoridades, sobre todo si incluyen en el pensum la educación religiosa o si son diferenciados. O bien, las autoridades establecen un centro escolar público a la vecindad, desperdiciando preciados recursos.


Allá como aquí se hace gala de la gratuidad y la obligatoriedad. Son dos imperativos aparentemente loables que desvían el foco de atención de la calidad y el mejor interés de los niños, afectando las decisiones de políticas públicas, sobre todo cuando hay subsidios y cambiantes regulaciones de por medio.


En 10 años, se dobló el gasto en educación en España, pero según una evaluación internacional de alumnos (PISA), la calidad de la oferta estatal es igual de mala ahora que antes. Como aquí, en España muchos alumnos pierden el año o lo pasan sin haber aprendido nada, y otros tantos abandonan la escuela. Unos no consiguen empleo debido a una deficiente educación.


Aunque el presupuesto en educación de 2010 de España casi cuadriplica el de Guatemala para el mismo año, nuestro gasto per cápita (nominal) sería aproximadamente el 92% del español. La clara lección: tirarle cada vez más dinero al sistema no hará desaparecer sus defectos. Para educar seriamente a cada niño, aprovechando sus talentos e intereses, la oferta debe ser variada y competida, y los padres deben poder elegir entre un abanico de opciones con libertad.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día miércoles 23 de febrero 2011.