lunes, 14 de febrero de 2011

“El sistema falla…y nos engulle”

Armando de la Torre

La demanda política, pues, mejora, aun cuando la calidad de la oferta todavía nos sea deplorable.

Con este título publicó en este diario Carlos Castañaza, el pasado 5 de febrero, una reflexión estimulante. Quisiera añadirle aquí algunas acotaciones.

Según el autor, “la ruina de gestión institucional no es monopolio uneísta…

Tampoco debe atribuirse a la sola casualidad el que tal situación aflore en momentos tan críticos para el devenir social como un año electoral”.

De acuerdo.

Alude después a la resignada inoperancia del TSE dada “la burbuja blindada” dentro de la que se mueven los políticos en el poder”. Condena igualmente la presa creciente de casos no resueltos por el Ministerio Público, se supone que por falta de fondos.

“La cantaleta de privilegiar el beneficio de los pobres sobre todas las cosas” —continúa— “pierde sustento (y lo gana la crítica del clientelismo de Cohesión Social) cuando vemos que se desprecia ese mismo propósito por la vía del apoyo a la inversión y a la generación de competitividad comercial”.

Y que tal podredumbre ha hecho “metástasis” por todo el cuerpo social, nos ha engullido, dice, por lo menos, añadiría yo, desde los tiempos de Vinicio Cerezo.

Otros periodistas de opinión han externado parecidas valoraciones. El cáncer ya se les ha vuelto demasiado visible y extendido.

Desde mi ángulo, el sistema institucional, cuyos cimientos los constituye la Constitución vigente de la República, ha perpetuado esa crisis. Desde una óptica estrictamente ética, además, tanta descomposición generalizada deriva de ciertos errores conceptuales en que incurrieron los constituyentes de 1985. Precisamente por ello, 73 mil ciudadanos propusieron al congreso el año pasado someter a consulta popular un pliego de reformas que, al final, fue engavetado.

Guatemala podría servir de paradigma para el principio de “la circulación de las élites” como lo pensó Vilfredo Pareto. Zorras y leones defienden y avanzan alternativamente sus intereses de grupo en una espiral sin pausa de avances y retrocesos. Difiero de los colegas que vociferan contra las oligarquías nacionales en que incluyo en ellas a los dirigentes sindicales, al Consejo Superior Universitario, a los “comandantes” verticales y sus subalternos de la ex —guerrilla, a las ONG que profesan trabajar por los derechos humanos financiadas desde el extranjero, y a todos quienes se arrogan el papel de voceros de la “sociedad civil”... Es decir, las “oligarquías” en Guatemala no han sido monocoloras sino polícromas: reaccionarias, liberales, socialistas (marxistas o fascistas), oscilando a través del rojo de lo negro a lo blanco y viceversa. Todas en respuesta a los mismos incentivos inmutables…

El Estado, siempre como botín último. Y “el tráfico de influencias”, el medio apropiado para repartirlo. De ahí los monopolios, prebendas, privilegios, excepciones a favor de parientes y amigos, y las sanciones, mediante leyes casuísticas (o aun sin ellas), para los enemigos personales de los poderosos de turno.

Y así, aquel ideal republicano de “un gobierno de normas e instituciones, no de las arbitrariedades coyunturales de los hombres”, se ha esfumado de nuestra práctica diaria.

En consecuencia, lo primero en que se piensa electoralmente es en el dinero para comprar voluntades acarreables a las urnas, y no en planes de buen gobierno. Luego, en difundir comparaciones odiosas entre los candidatos con sus respectivas campañas negras. Un ad hominem universal y continuo.

Desde 1950 ningún partido político en el poder ha sido honradamente reelecto. Porque todos denigran a sus opositores triunfadores, pero cuando les llegue su turno procederán exactamente igual.

Sin embargo, me mantengo optimista. La tan honda y generalizada insatisfacción con el inepto, corrupto e irresponsable gobierno de Álvaro Colom transparenta una fuente para nuestra esperanza: que aumenta el número de ciudadanos mejor informados y más críticos.

La demanda política, pues, mejora, aun cuando la calidad de la oferta todavía nos sea deplorable.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día domingo 13 de febrero 2011.