lunes, 7 de febrero de 2011

“Nada bueno nos es gratis”

Armando de la Torre

“There is no free lunch”, en palabras de Milton Friedman

Uno de los embustes preferidos por los “políticos” electoreros es que cualquier mejora en nuestra condición humana nos puede ser asequible “gratis”, es decir, sin ningún esfuerzo o merecimiento por parte del beneficiado.

Falso, de toda falsedad. No existe nada, absolutamente nada (salvo el favor de Dios) de lo que podríamos disfrutar sin el previo sudor, lágrimas o sangre o de uno mismo o de algún otro. “There is no free lunch”, en palabras de Milton Friedman

El amor en ocasiones logra para su amado, el hijo, por ejemplo, que se vea libre de pagar un precio por el privilegio de ser amado. Pero en todo caso se lo pagan sus amantes padre y madre, juntos o por separado.

Pero entre desconocidos iguales ante la ley —como lo somos todos en una comunidad republicana— jamás habría de esperase que alguno se vea obligado a pagar por las ventajas de otro.

Los pocos que se pretenden “ilustrados” hacia la izquierda del espectrograma ideológico, sin embargo, precisamente es eso lo que quieren bajo el eufemismo de la “gratuidad”, el típico refrán en la propaganda electorera de Álvaro y Sandra Colom, o de Hugo Chávez, en Venezuela, o de Cristina Fernández, en la Argentina… En Cuba, por otra parte, ya se ha dejado de hablar desde hace rato del gancho electoral de lo gratuito, porque en tan férrea dictadura se han decretado innecesarias, desde hace más de medio siglo, todas las elecciones democráticas.

A la raíz de la “gratuidad” se da un error de extrema superficialidad: los beneficios de los privilegiados son del todo visibles y concentrados en unos pocos; el costo de los mismos, en cambio, permanecen invisibles por hallarse dispersos entre los demás, no privilegiados.

Por ejemplo, a los favorecidos con una educación superior en la Universidad de San Carlos se les sufragan sus costos por todos los contribuyentes, incluidos por aquellos que nunca tuvieron acceso a la secundaria, cuanto menos los que habrán de permanecer analfabetas a lo largo de su existencia.

Lo mismo se diga de cualquier “agraciado” por cualquier legislación con dedicatoria, sean dirigentes sindicales o miembros distinguidos de un gremio integrado al CACIF. Dígase lo mismo de los diputados que legislan excepciones a favor de sí mismos, o de los presidentes y diputados que se los reparten a manos llenas a costa de sus leales votantes.

En todos esos procesos, nada de amor sincero, sí de mucho cálculo egoísta.

“El principio de gratuidad” ha devenido, así, en un engaño ponzoñoso, en el que caen los más incautos o en el que se refugian cómodamente los haraganes. A mediano o largo plazo, la bancarrota asegurada de cualquier civilización.

Esos gobiernos no sólo son corruptos, sino también corruptores, y, además, empobrecedores de los más pobres y explotadores de los menos instruidos.

Por supuestos, los aferrados a un poder que les ha facilitado esa credulidad de los menos pensantes serenan sus conciencias, cuando las tienen, al racionalizar tanto veneno con “la búsqueda del bien común”. Ciegos que guían a otros ciegos…

A ese mismo rasero moral habría de rebajarse a los alegres partidarios del aumento de la deuda pública: los millones de dólares que les llueven constantes y sonantes, pero cuya obligación de saldar recaerá inevitablemente sobre muchísimos otros a los que ni se les ve ni se les oye, sobre todo si aún no han nacido.

También extensible a esa mal llamada “cooperación internacional” (AID, CICIG, BID, BM, FMI, UNICEF, UE y el resto de la tal sopa de letras), que equivale a aclararles a nuestros susodichos gobernantes, ineptos y ladrones: no importa que lo malbaraten todo, porque nosotros, los “cooperantes”, les garantizamos que siempre les llenaremos sus hoyos financieros y los subsidiaremos de nuestras reservas de ejércitos de contribuyentes tan idiotas como los de ustedes. A cambio, votarán ustedes en las NN.UU por todo lo que les ordenemos, y fuera de ese recinto se abstendrán de todo lo que les prohibamos.

Al final, con un resonante a amén, todos contentos.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día domingo 06 de febrero 20111.