martes, 15 de febrero de 2011

“Señor Presidente: ¿Tiene usted problemas de alcoholismo?”

Estuardo Zapeta

No me salga ahora que eso es una cuestión privada siendo usted un personaje público...

La cuestión, Sr. Presidente, es una de importancia e impacto nacional, y conlleva un cuestionamiento acerca del estado en el cual usted ha tomado decisiones de trascendencia para toda la ciudadanía. También, y lo considero un tema más importante todavía, la garantía de la Libertad de expresión, que no es patrimonio sólo de periodistas, sino de cada ciudadano a quien usted debe una respuesta a la pregunta planteada. Reprimir y censurar periodistas es hacerlo con el pueblo, y hacerlo con el pueblo es hacerlo con los periodistas, y todos perdemos.

Que es incómoda la pregunta, por supuesto que sí. Pero que debe responderla, también.

Acaso no el mismísimo “Vil” Clinton debió responder ante toda la nación en Estados Unidos cuestionamientos acerca de una mancha de semen en el vestido de una practicante. O no el mismo Silvio Berlusconi está ahora ante multitudinarias manifestaciones por el Rubygate en Italia. O la ahora presidenta de Brasil no fue tema de debate nacional ahí por su estado de salud aun siendo candidata pos Lula.

No me salga ahora con que eso es una cuestión privada siendo usted un personaje público cuya influencia y decisiones establecen política pública.

O es que las personas que entran en la carrera política todavía piensan siquiera que pueden mantener “vida privada”, y que ésta afecta su performance público. No, señor Presidente, eso no es así. Imagínese si, hipotéticamente, el problema fuera de drogadicción.

La pregunta hecha acerca de si un ciudadano que no está en el poder dejaría que un borracho manejase su carro, y por lo tanto por qué se deja que un presunto borrachito “maneje” la política pública de un país es, Sr. Presidente, válida aquí y en la China.

Y el cuestionamiento acerca de su comportamiento y su presunta causa —alcoholismo— deben hacernos pensar si es usted la persona más indicada para dirigir los destinos de un país.

La pregunta es válida, Sr. Presidente, y pedir el despido de periodistas sólo para hacerla no sólo muestra su intolerancia, sino que también presupone un control de su parte no sólo de frecuencias y medios de producción de los mass media.

Puede usted, Sr. Presidente, controlar cuanto medio tradicional se le ocurra, pero la caída de Mubarak, ex dictador egipcio, demuestra que usted no puede controlar las redes sociales, y menos a un pueblo que merece por lo menos una respuesta directa acerca de la pregunta de su presunto alcoholismo.

Facebook, Twitter, Diaspora, Youtube, Google, etc., son los nuevos escenarios de la democracia que usted tanto argumentó. Hoy todo se sabe, Sr. Presidente.

Y es que agarraría contra Carmen Aristegui, por medio de presionar a los dueños del medio donde ella transmitía, y todo por informar y opinar, no sólo es berrinche, sino un acto digno de dictadores en Cuba, Corea del Norte o Venezuela, pero no en México.

Por eso, Sr. Presidente Calderón, usted debe responder a la pregunta acerca de su presunto alcoholismo, y si la respuesta es “no” se reportará con normalidad, tanto si la respuesta es “sí”. Y desde Guatemala expreso mi apoyo a Aristegui, a quien en estos momentos admiro por su valentía y su valiente posición frente a la censura.

Artículo pubulicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día martes 15 de febrero 2011.