martes, 1 de febrero de 2011

Sentido común mínimo

JOSÉ RAÚL GONZÁLEZ MERLO

El salario mínimo volvió a ser incrementado por decreto. El 14% de aumento provocó reacciones negativas en el sector privado. Por su parte, el presidente del Banguat y analistas de Asíes han minimizado su impacto en el desempleo. Mientras tanto, el Gobierno se vanagloria de su “logro social” y los sindicalistas dicen que fue muy poco. ¿Quién tiene la razón? Dice el presidente del Banguat que el aumento al salario mínimo no incidirá en el desempleo.

Argumenta que el promedio del salario en el sector privado ya está por encima del salario mínimo. Como quien dice: los empleados no serán afectados. Los analistas de Asíes presentan, como prueba de que el salario mínimo no afectará el empleo, estadísticas del número de trabajadores que el sector privado supuestamente tiene contemplado contratar este año. Ambos, obviamente, no entienden de lo que está pasando.

De acuerdo a la reciente encuesta del INE, el salario promedio del sector privado, efectivamente, ya está arriba del mínimo. Sin embargo, como dicen los economistas, meta la cabeza al horno y los pies en el congelador y, en promedio, estará tibio… Es a los que ganan menos del promedio a quienes el salario mínimo afecta más. Imagínese que solamente 2.1 millones de personas están plenamente ocupadas y de estas, menos de un millón están afiliadas al IGSS. Estos serían los que, en el mejor de los casos, ganen más del salario mínimo de un total de 5.8 millones de personas que conforman la población económicamente activa.

El argumento de Asíes es peor. Presenta estadísticas de contrataciones esperadas en el sector privado y concluye que, el salario mínimo, no impide la generación de puestos de trabajo. El problema es que esas personas que, supuestamente, se contratarán deberán demostrar un nivel de productividad superior al salario mínimo. Los que no puedan, irán a acumularse a los 3.4 millones de “subocupados” reportados por el INE. Cuando pare en un semáforo, pregúntele a la persona que está vendiendo agendas o estuches de celulares cuánto gana… o si ya recibió la oferta de empleo a la que Asíes se refiere.

El salario mínimo no provoca un desempleo generalizado. Sus efectos perversos se concentran en los más pobres; los menos capacitados, los más jóvenes, los menos productivos. El salario mínimo es como un cáncer. Provoca unos grandes perjuicios entre la población más vulnerable sin que sean a todas luces evidentes. Es, precisamente, esa dificultad en establecer la causa y el efecto lo que permite a los políticos cosechar los frutos de su “solidaridad”. Necios, hipócritas o ignorantes. En cualquiera caso, el daño no lo sufrirán quienes apoyan el salario mínimo, sino aquellos que no saben por qué no encuentran un trabajo; “Aunque sea” uno que les pague el mínimo.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día martes 01 de febrero 2011.