miércoles, 16 de marzo de 2011

Ejemplo en el trabajo


Carroll Ríos de Rodríguez

San José debió trabajar con alegría, honestidad, excelencia y cuidado al detalle; debió ser puntual e innovador.

Cada 19 de marzo recordamos con aprecio a un ejemplar esposo, padre y trabajador: San José. Es edificante reflexionar sobre lo que sabemos de la vida de este hombre “justo”, según el halago que le hizo el mismo Espíritu Santo, para mejorar aspectos de la nuestra. Tal consideración ha impactado significativamente sobre las vidas de miles de personas a través de la historia, incluyendo las vidas de santos de la talla de Tomás de Aquino. Tenemos un ejemplo actual e impactante en el Hermano André Bessette (1845-1934), canonizado hace escasos meses, en octubre del año pasado.

Nacido Alfred Bessette, en la parte francesa de Canadá, quedó huérfano a los 12 años. A partir de entonces se ganó la vida en empleos físicamente exigentes, debido a su escasa educación y pese a su mala salud. El joven adulto, generoso y piadoso, llamó la atención de su párroco, quien lo refirió a la Congregación de la Santa Cruz con una nota que decía: “Les envío un santo”. Pasó a ser hermano en la orden y, durante cuarenta años se desempeñó como un simple portero en un establecimiento académico. Pasaba sus días recibiendo con amabilidad a quienes tocaban su puerta y visitando a enfermos. Pronto se difundió su fama de milagrero, reputación que desmentía con humildad: “soy un mero servidor de San José”. Tal era su devoción al patrono de Canadá, que promovió la construcción del oratorio más grande dedicado a San José, en Mont-Royal, sitio al cual hoy peregrinan anualmente aproximadamente 2 millones de personas.

Quizás nos suene raro que un hombre manifieste tan firme devoción a San José en pleno Siglo XX, pero el moderno santo siguió una larga tradición dentro de la Iglesia Católica. Ya desde el siglo IV, los primeros cristianos en Oriente, incluidos a los Coptos, dedicaron una fiesta el 20 de julio a San José el carpintero. Documentos de la iglesia griega registran una celebración similar el 25 o 26 de diciembre. En Occidente, encontramos una iglesia que data de 1129, en Bologna, dedicada a su nombre. Fue durante el pontificado de Sixto IV que se fijó la fiesta en el 19 de marzo, aunque se le recuerda también el 1 de mayo, día de San José Obrero.

El Santo Hermano André seguramente quiso imitar a San José en sus distintos trabajos. Al reflexionar sobre los 30 años de vida oculta de Jesús, transcurridos principalmente en Nazaret, visualizamos al padre carpintero, trabajando diariamente en su taller, enseñando al Hijo su oficio. San José debió trabajar con alegría, honestidad, excelencia y cuidado al detalle; debió ser ordenado, puntual e innovador. Lucharía por enmendar sus fallos y errores. Seguramente llevó sus cuentas con transparencia, y trató con respeto y cordialidad a sus clientes. De él aprendemos que el trabajo no es un horrible castigo para la humanidad, sino el medio a nuestra disposición para poner a buen uso los talentos recibidos, pulir nuestro carácter, practicar múltiples virtudes, y servir al prójimo con responsabilidad y en libertad.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día miércoles 16 de marzo 2011.