viernes, 25 de marzo de 2011

El beso de la mujer araña


Estuardo Zapeta

Del “derecho a participar” a “hacer trampa” por medio de un divorcio “arreglado” existe un abismo de diferencia.

Doña Sandra, he sido uno de los pocos columnistas –si no el único—que ha propuesto el argumento de “su” derecho –y el de Arzú y el de Zury— a participar plenamente en estas y cualquier otras elecciones a puesto público. Los “intelectuales” suyos no pudieron, en su pobreza mental, darle contenido al argumento.

Pero del “derecho a participar” a “hacer trampa” por medio de un divorcio “arreglado”, existe un irreconciliable abismo de diferencia. Con esa “trampa”, usted ha sorprendido a todos, aun a aquellos que seguimos creyendo que una ley que prohíbe, en nombre de la tan sobijeada “democracia”, participación plena, y que castiga familias, no individuos, es injusta e ilegítima.

Con el “divorcio” cometió usted y “él” un error de cálculo, enorme, sonoro, de repercusiones más allá de si la “democracia” es el sistema que funciona o no, y se aventuró innecesariamente a un abismo del que sólo un “fraude”, y repito, “sólo un fraude”, podría siquiera mantenerla a flote, pero deslegitimada.

No entro al argumento legal, eso sesudas mentas ya lo hacen, sino que veo, escucho, olfateo lo que en la calle se opina.

Uno: “Sandra es una mujer tramposa”, esa es la percepción que usted está dejando, y la cual empieza a crecer con fuerza, principalmente entre los “financistas”. Si eso hace no siendo presidenta, ya se imaginan de lo que es capaz siéndolo, resuena en corrillos populares.

Dos: “Sandra es una mujer ambiciosa, tan ambiciosa, que está dispuesta a cualquier cosa, aun a deshacer su familia, con tal de lograr su objetivo”, es también una percepción generalizada, principalmente entre mujeres, de donde veo ya el principal voto de castigo.

Tres: “Sandra desprecia y deshonra la familia y la deshace con tal de realizar su necedad política”, y eso será posiblemente uno de los mayores resentimientos en una sociedad que sí valora a la familia. Y qué decir de la percepción de “Sandra, la mujer que aplasta a sus hijos para lograr sus caprichos”.

Cuatro: “Como Sandra no estaba segura de lo que ella misma decía –eso es el argumento del derecho a ´participación plena´-- entonces se fue por una trampa legal, el divorcio”.

Cinco: “Ya vieron, con el divorcio esta señora confirmó la prohibición de participar legalmente, porque de haber estado tan segura de su participación “legal”, no habría recurrido a una burda acción como la de ´fraude de ley´”.

Seis: “El argumento de ´inmoralidad´ no lo sacó ni la oposición ni la Prensa, esa condena del ´divorcio presidencial´ la mencionó el mismo Álvaro Colom en Emisoras Unidas el 15 de enero del 2010, cuando Felipe Valenzuela le preguntó acerca de la posibilidad de divorciarse y el mismo presidente respondió que eso sería ´totalmente inmoral´”.

Siete: “Para Sandra, su círculo más allegado, y las diputadas del anillo más cercano, la moral es no sólo relativa, sino posicional, y depende de si les favorece o no”.

Siempre creí que estaba claro el argumento de la “participación plena” en contextos democráticos, pero ahora me doy cuenta, dada la “trampa” del divorcio a la que recurrió Sandra, que no.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día viernes 25 de marzo 2011.