miércoles, 23 de marzo de 2011

El método democrático


Carroll Ríos de Rodríguez

El actual proceso electoral nos demuestra claramente que la democracia es un medio y no un fin.

Se comentan con asombro cómo varios potenciales presidenciables hacen maniobras para esquivar las prohibiciones enumeradas en el artículo 186 de nuestra Constitución. Llama la atención, sobre todo, la demanda de divorcio interpuesta por Álvaro y Sandra de Colom. Cambiando periódicamente de estación radial, percibí una indignación casi generalizada entre los radioescuchas. Los ciudadanos están decaídos porque una desnuda ambición de poder opaca la decencia y el apego a la legalidad.

Entre las quejas, emerge una decepción con la democracia. Nuestra realidad choca nuevamente con una visión de la democracia como ideal y fin en sí misma, como una meta nacional. Anhelamos ver agentes políticos excepcionalmente bien preparados, de conducta intachable y actitud desinteresada, sirviendo a sus agradecidos y satisfechos electores.

El actual proceso electoral nos demuestra claramente que la democracia es un medio y no un fin. Es un conjunto de reglas para elegir sucesivamente a personas falibles a cargos públicos. Los resultados cosechados por el sistema dependen menos de la fibra moral del agente político que de las reglas específicas que nos hemos dado. Tenemos reglas para ser electos, ser votantes, registrar partidos y hacer campaña. Aquí, no admitimos la reelección. Alimentamos el multipartidismo, alineando costos y beneficios de tal forma que decenas de candidatos buscan participar en la primera vuelta. Aquí, la Corte de Constitucionalidad es un árbitro importante. Y más.

Según J. Patrick Gunning, autor de Comprendiendo la Democracia, las democracias históricamente exhiben dos características: la representación y el Estado de Derecho. Define el gobierno como “la existencia y uso de un monopolio sobre una fuerza coercitiva física”. Ciertos actores deben dirigir el monopolio sobre la fuerza. El autócrata contrata directamente a quienes hacen valer la ley, mientras que en democracia, una mayoría ciudadana decide quienes cumplirán tal función, usualmente mediante el voto. Gunning resalta la relevancia del Estado de Derecho que acompaña al método democrático, pues el primero garantiza el recurso a principios generales para decidir si un miembro de la comunidad política ha violado la ley y amerita un castigo. El principio general no discrimina ni privilegia a unos sobre otros. Trasciende el período electoral; enmarca y brinda estabilidad a la praxis política. Previene, o debería prevenir, contra abusos a individuos y minorías, ya sea por las mayorías y por los gobernantes.

Como método, la democracia sumada al Estado de Derecho aventajan a las demás fórmulas políticas. Sin embargo, no es perfecta ni hace perfectos a los protagonistas. Aun en las más estables y funcionales democracias, las personas atraídas al poder se mueven por intereses particulares. Si pueden y cuando pueden, tergiversan la norma y se recetan dudosos beneficios, asegurándonos en todo momento que su única motivación es el amor al prójimo y a la nación.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día miércoles 23 de marzo 2011.