martes, 15 de marzo de 2011

Evite a Evita


PEDRO TRUJILLO

Con tufo a argentinada de principios de los 50, Sandra Torres anunció su intención de ser la candidata presidencial. ¡No de cualquiera, sino de los pobres! Pareciera que al igual que su marido, le preocupa más la parte del país que cree puede continuar engañando con fórmulas mágicas, más propias de bruja de Blancanieves que de estadista. No pudo resistirse al “clamor popular” y decidió luchar por ese sector desfavorecido de la sociedad al que lleva tres años y pico comprando con dádivas procedentes del bolsillo de los que trabajan y no regalan lo ajeno.

¿Recuerdan la frase: “Yo haré siempre lo que el pueblo quiera”?, pues no es de la candidata, sino de Eva Perón. ¿Le explicará“al pueblo” que por desviar dinero de Gobernación faltan policías y muere gente asesinada, o que hay más muertos por hambre que por homicidios, después de tres años de gobierno de la UNE?

Esta suerte de Evita nacional —de pueblo y “sufrida”, como la otra— argumenta la legitimidad de su candidatura sobre la base del “derecho a elegir y ser electa”, algo que también podría esgrimir mi vecino de cuatro años o el marero más criminal. No repara que ese derecho está limitado por otros, como son ciertas prohibiciones constitucionales que bien claro le dejó la pasada semana Mario Antonio Sandoval en un excelente artículo.

Sin embargo, al no poder, su estrategia es crear un clima enrarecido donde sea la masa manipulada y violenta quien la aclame y la ensalce, mientras se pasea por el marco legal vigente porque la “democracia de la mayoría del pueblo todo lo puede”. Reclama derechos mientras pisotea los de los demás. Los suyos los sitúa en lugar prioritario, los del resto pasan a ocupar el último puesto en el escalafón. ¿Quién será el Luis D’Elia chapín?

El populismo sigue siendo un referente demasiado fuerte en América Latina. Se reactivó con la pareja Kirchner, responsable de la debacle argentina; se reforzó con el dictador Chavista, se multiplica con el vergonzante orteguismo nicaragüense y se nutre de la emoción incontrolable de quienes dejan la razón a un lado y ponen el corazón por encima de todo, incluso de la ley. Quienes ejercen el poder —o lo pretenden— se aprovechan de las circunstancias y mangonean presupuestos, disfrutan de privilegios y preparan sus campañas políticas a la sombra del cónyuge presidente y su cohorte, para, más tarde, intentar repetir el proceso y dilatarlo hasta la eternidad.

Reparten las migajas en bolsas solidarias o las empaquetan de diversas formas para que “el pueblo” las disfrute, sin explicarles que fueron posibles con el dinero que les exprimieron a ellos o les negaron con mercantilismos y favores para que sus patrocinadores pudieran llevar a cabo sucios negocios. Esta gente no se cansa de buscar modelos populistas trasnochados, aunque políticamente rentables, en países donde no se ponen los pies en el suelo y se acepta la realidad de lo que ocurre. Se sustentan en soñadores empedernidos y en una consentida prostitución mental que hace que muchos se vendan por cinco miserables centavos, dos laminitas, una sencilla refacción mal elaborada o promesas vacías.

Hay que recordarle al presidente, su esposo —de momento—, que juró defender la Constitución, así que a ver qué hace para que no la violen los allegados de ese círculo sandrista. Lo mejor, evite a Evita. Ah, y ¡no llores por mí…!, vaya a ser que te tenga que recordar 60 años más. ¡Ufffff!

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa LIbre", el día martes 15 de marzo 2011.