lunes, 14 de marzo de 2011

Jens


Armando De La Torre

A Jens Bornholt siempre lo distinguió una personalidad suave, modesta, la más alejada posible de la llamada “vida social”.

Otro hombre bueno que “peleó su buena batalla, acabó su carrera, guardó su fe…”

A Jens Bornholt siempre lo distinguió una personalidad suave, modesta, la más alejada posible de las luces vanidosas de la llamada “vida social”, al mismo tiempo, empero, que se desempeñaba como hombre de negocios reconocidamente exitoso, igual que su progenitor, comerciante en textiles. Por encima de todo, fue padre ejemplar de intensa vida de familia en unión de su esposa, Erika, mujer extraordinariamente culta e inteligente, y de sus dos hijas, Birgitta y Sylvia, y sus cinco nietos.

Le animaba discretamente una veta contemplativa de la historia, que volcó en una búsqueda apasionada de mapas originales y poco conocidos. De esta afición cartográfica brotó su obra Cuatro Siglos de Expresiones Geográficas del Istmo Centroamericano (2007), 87 mapas preciosamente editados por la Universidad Francisco Marroquín, de cuyo Consejo de Fiduciarios y Consejo Directivo fue miembro. Tal selección documental constituye una excelente referencia académica, entre las mejores colecciones publicadas en Iberoamérica. Incluido en ella se halla también el manuscrito “Lienzo de Quauhquechollan”, producido en Puebla, el primer mapa de Guatemala en la historia, y según la versión indígena de los aliados en la Conquista llevada a cabo por los españoles Pedro y Jorge de Alvarado (1527-1529).

Ciudadano de tercera generación de una familia de inmigrantes alemanes, al final, dejó resumida su principal preocupación cívica en un texto del autor guatemalteco de “Recordación Florida” (1695), Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, que aquí me complazco en reproducir bajo el mismo acápite con que Jens lo sometió a discusión al Centro de Etica “David Hume” en el 2009:

“Un tema de candente actualidad, escrito hace 317 años” (“Capítulo XI, Libro Decimosegundo): De la necesidad que hay de la justicia y de jueces que la administren en las repúblicas, sin lo cual no pueden conservarse en paz y concordia.” Hacia el final del capítulo mencionado se lee textualmente: “San Augustín dice que es verdadera cosa, que sin suma justicia no se podrá regir una ciudad ni que podrá permanecer en paz y concordia. Prueba el santo doctor esta sentencia con dos autoridades; la una de Lelio Romano que dijo: Que ningún enemigo más pernicioso puede tener la república que la injusticia; y la segunda es de Escipión, que defendiendo la república dijo no ser cosa que res populi, cosa del pueblo, y debe discurrirse y pensarse que pueblo quiere significar, no cualquiera gente; ó multitud de hombres ayuntada, sino aquellos hombres que con jurisdicción y de común consentimiento son congregados para la utilidad de todos los contenidos en aquel pueblo; y añadió Escipión a esto, que la república bien regida y justamente gobernada entonces era república, y que cuando no era nula y aniquilada; de donde se colige ser imposible que ningún pueblo, ciudad, reino o república pueda conservarse sino es por medio de la justicia y de leyes justas con que se haya de gobernar; ....[y] concluiremos este discurso con lo que dice Platón, que la justicia es singular y único don y el mayor bien que acá Dios comunicó a los vivientes; porque de ella nace la paz y concordia; esta es su obra y el fin que pretende (como dice Isaías) Opus justitiae Pax”.

Echaremos de menos sus virtudes serenamente caballerosas, su alegre optimismo de hombre que se supo libre, y aquellas también muy propias de la estirpe de quienes las heredó: acuciosidad en los detalles, disciplina en el trabajo y lealtad a todos y para con todos con quienes convivió y trabajó.

No tuvo enemigos. Vivió en paz, con generoso apoyo a cuanta causa noble se le cruzó en el camino. De hombres de esa talla estaremos perpetuamente urgidos.

Y de su recuerdo viviremos quienes le sobrevivimos.

Ojalá que también así lo guarden en sus mentes esas generaciones universitarias por las que siempre mostró tan paternal y bondadoso afecto.

Artículo publicado en el diario guatemalateco "Siglo XXI", el día domingo 13 de marzo 2011.