lunes, 21 de marzo de 2011

La explosión del nipón


Marta Yolanda Díaz Duran

La mayoría de nipones es gente laboriosa, productiva y respetuosa de ciertas normas que incluyen el respeto a la propiedad.

Eplosión que espero solo se dé en la forma que la voy a utilizar, como una metáfora de lo que podría pasar después del terremoto y el tsunami que este provocó en la isla del Japón. No me interesa mucho por hoy la “nación”, una sustancia segunda como la llamaría Aristóteles, cuya existencia es conceptual. Me voy a referir principalmente a las sustancias primeras, a los individuos que hacen de la nación una realidad. Y, por supuesto, al futuro de éstos si logran superar los retos que la naturaleza y los errores de sus gobernantes les han hecho enfrentar, no solo este año, sino desde tiempo atrás.

Como bien lo escribe George Melloan, ex subdirector de las páginas editoriales del Wall Street Journal, en su columna del jueves 16 de marzo: “A Japón le sobran los problemas: una población envejecida, 20 años de lento crecimiento económico y un gobierno inestable debido a que los reaccionarios en el parlamento se resisten a significativas reformas de libre mercado.

Ahora ha sido golpeada por la gran tragedia del terremoto y la crisis nuclear. Un importante peligro pos-desastre es que las autoridades japonesas gestionen mal la recuperación, con desafortunadas consecuencias para la economía global”. Y más que para la economía global, será para la economía de los individuos concretos que intercambiamos y hacemos esa economía sobre la que viven cacareando los economistas y los burócratas estatales. En especial a la economía estancada de los nipones.

Melloan cita, acertadamente, a otro célebre periodista e intelectual francés del siglo XIX para cuestionar la intervención de los gobernantes nipones, en particular la de presidente del Banco de Japón, Masaaki Shirakawa: “Como señaló… Frédéric Bastiat en La falacia de la ventana rota, el crecimiento del PIB que se produce por la reconstrucción no trae ninguna ganancia neta a la [suma de la] riqueza de [los miembros] de la sociedad. Simplemente sustituye, con el tiempo, lo que se perdió”. La destrucción, tal y como la define el DRAE, simplemente es “ruina, asolamiento, pérdida grande y casi irreparable”.

La única diferencia entre la recuperación y el abandono a la miseria y la desolación que provocan la destrucción nace del carácter de los individuos afectados.

La mayoría de nipones es gente laboriosa, productiva y respetuosa de ciertas normas que incluyen el respeto a la propiedad de los otros. Hasta la fecha no se han visto, como suele pasar en Latinoamérica, a oportunistas saqueando comercios y casas. Los empleados de la central nuclear de Fukushima en lugar de huir han enfrentado valerosamente la tarea de evitar un desastre de dimensiones mundiales. Los sobrevivientes se encargan de sus vidas y ayudan a recuperar los cadáveres de las víctimas. Esa es la actitud responsable que hace la diferencia. En la irradiación de esa explosión nipona confío para que Japón muestre porqué es el origen del Sol.

Articulo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día lunes 21 de marzo 2011.