lunes, 21 de marzo de 2011

Nuevas de un gigante heroico llamado Japón


Armando De La Torre

Guerreros con alma de poetas, cada uno de sus samuráis, hoy empresarios, supone ser portador en el fondo de un Kami.

Raza esculpida a golpes de la naturaleza enfurecida, al mismo tiempo impresionable ante la belleza del monte Fuji y, precisamente por estos días, también de los cerezos en flor o ante sus lagos, cascadas, valles y montes neblinosos. Sobre todo de cara al sol, que creen nacer entre ellos y correr hacia el oeste, hacia la China cuna de toda la cultura del Oriente, y aun más allá, hasta alumbrar a los demás pueblos,... apenas surgidos de la noche de su barbarie.

Tal extrema sensibilidad estética les es muy peculiar. Se les filtra a través de los jardines manicurados al modo contemplativo del budismo Zen; o por los alambicados ceremoniales que les vinieron remotamente del gran Confucio, hechos extensivos a las vivencias del culto shinto, la religión animista de sus antepasados, y adorno sempiterno de Kyoto. También, por qué no, por la belleza moral que rezuma su código Bushido, tan simétrico entre los valores tradicionales de la gratitud y la reverencia.

En 1868 comenzó su acelerada estampida hacia la modernización que al Occidente le había llevado seiscientos años lograr. Hoy sus dioses de antaño, incluído el mismo Emperador, se han despojado de su divinidad, y en su lugar las fábricas humean sobre los tejados todavía coquetos, sus astilleros resuenan con las grúas más sofisticadas, sus edificios altos se contorsionan en poses aerodinámicas sorprendentes, y los programas digitales de su industria electrónica compiten con lo mejor de lo de sus competidores. Como me dijo, resignado, el Rector de una de sus universidades: “Desde la guerra, el culto dominante entre nosotros se ha desplazado hacia la búsqueda incesante del dinero y de todo lo que con él se pueda comprar”.

Sin embargo, las tradiciones, como en Inglaterra, retienen su ascendencia sobre los hábitos y los valores de este pueblo tan singular.

Ha sido siempre el país de la más extremada higiene personal en toda el Asia. Y de los más arraigados al suelo natal. También el más reservado del mundo a la hora de transparentar emociones íntimas y humillantemente dolorosas.

Cuentan con un sistema escolar ejemplarmente disciplinado, que refuerza en los jóvenes sobre todo la piedad filial que les hace orgullosos de su estirpe hasta optar, en ocasiones, por el suicidio si creen no haber estado a la altura de las expectativas paternas.

Guerreros con alma de poetas, cada uno de sus samuráis, hoy empresarios, supone ser portador en el fondo de un Kami, es decir, de un espíritu, o hasta de un dios, excepcional.

Nunca se quejan; aceptan, estoicos todo lo que les llegue al encuentro, sea el canto de un pájaro o la ceniza ardiente de un volcán en erupción, o, igual como en estos días, terremoto apocalíptico seguido de tsunami arrasador y, de nuevo, la amenaza nuclear, de cuyos horrores ha sido la única nación en ya haberla experimentado en carne propia.

De pronto, las manos de nácar de sus geishas han dejado de hacer preciosos arreglos florales. Sus poetas, igual de repentino, han suspendido los elevados vuelos de sus poemas Haiku, esas miniaturas rítmicas en cuyas diecisiete sílabas encierran el deleite del revoloteo de una mariposa o de un crepúsculo junto al mar. Sus ingenieros ven ahora hechos chatarra sus puentes supermodernos, sus carreteras, sus fábricas, sus túneles. Sus inventores, la mirada perdida en el vacío, inesperadamente sin diseños que idear.

La mayoría de los otros pueblos se vuelcan en su ayuda. No Guatemala, o Haití, u otros limosneros, cuyos gobernantes jamás han dado algo de sus bolsillos a nadie.

Entretanto, los japoneses, resueltos, callan y se aprestan a recomenzar sus vidas en su digno y ancestral silencio.

¿Y nuestra “iniciativa privada”? Tantos comerciantes devenidos millonarios porque venden artefactos japoneses, tantos profesionales becados por ellos, tantos exportadores de nuestro azúcar, de nuestro café ¿nada tenemos que darles en ésta, la ocasión más lacerante de su historia reciente?

¿Habrá un solo Banco, siquiera, que haya abierto una cuenta para quienes querramos mínimamente socorrerlos ?...

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día domingo 20 de marzo 2011.