jueves, 24 de marzo de 2011

Pan para hoy y hambre para mañana


Ramón Parellada

Los programas sociales no ayudan a resolver el tema de la pobreza sino a que la perpetúen. La causa no depende de si es o no transparente ni tiene que ver con las intenciones de quienes los promueven. No funcionan, porque crean un incentivo perverso en quien recibe la ayuda; degradan su dignidad; pierden su autoestima y le crean dependencia, con lo que los condenan a permanecer en la pobreza más miserable.

Si queremos en verdad ayudar a los pobres no debemos caer en el populismo de “regalar” cosas a los pobres, sino buscar las verdaderas causas de la creación de riqueza y hacer ese salto a un nivel de vida mucho mayor, donde los pobres encuentren esas oportunidades de trabajo que le dignifiquen y les harán sentirse orgullosos de ganar sus propios ingresos para mantener a sus familias.

Las dádivas o regalos o los mal llamados “programas de solidaridad” (no se puede ser solidario con dinero ajeno) que tienen casi todos los gobiernos del mundo no son más que una mala redistribución de la renta que nos empobrece a todos, y más aún a aquellos a quienes se pretende ayudar.

Ningún país en el mundo ha salido de la pobreza gracias a la ayuda externa, sino que se han vuelto dependientes al igual que lo hacen las personas en lo individual. Los países que han salido de la pobreza han adoptado medidas legales, económicas y políticas que causan un gran crecimiento económico y una gran cantidad de oportunidades de trabajo y negocios. Estas medidas son, entre otras, un verdadero Estado de Derecho que implique igualdad ante la ley y seguridad y justicia a todos, defensa de la propiedad privada, de la vida, de la libertad y derechos individuales. Esta es y debe ser la única prioridad de un gobernante. Lo demás es puro populismo.

Los programas sociales son puro consumo de capital que nos empobrece. En la medida en que se incrementan los programas sociales se incrementa este consumo o despilfarro del escaso capital. Sólo el capital, que viene del ahorro, o sea, de la abstención de consumo, permite un mayor crecimiento económico y mejora de las condiciones de vida de todos en el futuro. Pero si no dejamos que se forme ese ahorro no habrá crecimiento económico posterior y seguiremos igual de pobres para siempre.

Aún no hemos logrado alcanzar el nivel de ingresos per cápita que teníamos en 1980 y esto es una verdadera vergüenza. La política de nuestro país es cortoplacista y por ello es que cada vez que llega un equipo de gobierno nuevo se dedican a lo inmediato y populista y no a lo que en verdad generará mayor bienestar para todos en el futuro, porque eso implica grandes sacrificios y posible pérdida de imagen y votos en el futuro.

Para lograr ese ansiado crecimiento económico necesitamos una gran cantidad de inversión en máquinas, herramientas, fábricas y todo tipo de empresas que aumenten la productividad, incrementen las oportunidades de trabajo y produzcan bienes y servicios mejores, más abundantes y más baratos. Pero esto sólo se logrará si la gente se siente más segura de sus inversiones y de su vida. De acuerdo con la CIA y la Cepal, la Inversión Extranjera Directa de Guatemala en 2009 fue apenas de $31 millones. La de Costa Rica fue 10 veces mayor y la de Panamá16 veces más grande y eso que la población de Costa Rica es tres veces menor y la de Panamá es 4 veces menor a que la de Guatemala.

Es una vergüenza y una gran pena que nos perdamos en el más vil populismo y mediocridad. ¿Cuándo cambiaremos y aprenderemos que las verdaderas causas que generan riqueza al país no radican en los programas sociales?

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día jueves 24 de marzo 2011.