martes, 19 de abril de 2011

El hombre creó a Dios...


Estuardo Zapeta

...Y vio el hombre que Dios era bueno... a imagen y semejanza del hombre lo creó... en el principio el hombre creó a Dios.

Por supuesto que cuando en el curso de Antropología dije esta sentencia clásica, dentro de la línea de la Antropología Simbólica, los ojos de los estudiantes casi se zafan de sus petrificadas caras, además de sentir las llamas del mismísimo infierno rozarlos por escuchar tan atrevida aseveración, que los extinguidores y las bomberiles motobombas con toda el agua de Amatitlán no hubiesen sido suficientes para apaciguar el ardiente castigo a tan antropológica y singular blasfemia.

Yo fui condenado a los 100 mil infiernos (por no decir la cantidad de “madres” que me imputaron), y Belcebú, Lucifer, Satán, Diablo, y Chamuco, eran juntos babucha comparados con el hereje que tenían los susodichos frente a ellas y ellos. (Casi que una epidemia de desmayos invadió la clase, como plagas que en el preÉxodo había Dios lanzado sobre Egipto, y los juramentos de jamás volver a tomar un curso de Antropología se escuchaban cual letanías de Hermandad en novenario.)

Dios, mis estimados, puede y debe ser sujeto de estudio. ¿Por qué no?

Desde la Antropología de la Religión (la simbólica) Dios es un constructo humano, y no al revés. Somos seres que necesitamos aferrarnos a una “fuerza, una energía superior”, y colectivizamos esa creencia, y la trasladamos generacionalmente, y la mantenemos.

Como la Cultura es dinámica, así es también Dios. Dios es Cultura, o “Culturas” en plural. Para nosotros, por nuestra “supraestructura” –ideología, pues—Dios es definido por los “identitarios” culturales judeocristianos. Sus expresiones son locales, muy locales. Dios es una Verdad, y todas las “verdades”, porque necesitamos los humanos una “supra-Verdad” para justificar desde nuestras bondades hasta nuestras iniquidades.

Y si Dios, esa creación cultural humana, puede justificar nuestra historia, no muy “limpia”, por cierto, pues bien por Él. Un “Él” que nosotros mismos decidimos que fuese hombre, blanco, poderoso, una iconografía supracolonial para justificar nuestro “orden” social.

No nos asustemos. Todas las cultura han tenido un Dios, o varios. Todo surgió cuando hace miles de años, en la caverna, no pudimos explicar el fuego, el trueno, o la lluvia. Ahí vimos la necesidad de inventar una explicación más allá de nosotros... y comunicarla, bajo la premisa de que los “dogmas” no se discuten, sólo se aceptan.

Créame, qué difícil es facilitar cursos de Antropología, con visiones tan diferenciadas, cuando Dios es una idea dominante, sea por la Colonia, sea por invento “retro”, sea porque es más fácil responsabilizar a un “etéreo” —y desresponsabilizarnos nosotros de nuestras maldades— o simplemente por el confort psíquico. No sé por qué, pero dar una clase ante el muro de la fe es “dar coces contra el aguijón...” (tranquilo Saulo de Tarso).

Este es un buen tiempo para cuestionar nuestras creencias con mente abierta, y en Libertad, es también tiempo de hacer las preguntas pertinentes.

Artículo publicado en el diario guatemalateco "Siglo 21", el día martes 19 de abril 2011.