miércoles, 6 de abril de 2011

¡Hagamos lo que predicó!


Carroll Ríos de Rodríguez

Un caballero neoyorquino llamado Dr. Joseph Keckeissen (1925-2011) migró a Guatemala hace varias décadas y adoptó nuestro país como propio hasta su partida el domingo. Ayer se le dio santa sepultura entre amigos. Aquí se desgastó en servicio al prójimo, entregado a sus labores como hermano salesiano y catedrático universitario. Fue un hombre amable, humilde y sin doblez, merecedor del elogio que Jesús hizo de Natanael. Sin embargo, podemos retratarlo con aparentes paradojas. Era gentil y comprensivo en su trato personal, pero firme en sus lecciones de economía y sus convicciones religiosas. Fue artillero en el Ejército de EE.UU. y combatiente en Corea, pero enteramente dedicado a la paz. Jamás perdió su marcado acento americano pero nos hacía reír cuando usaba vocablos chapines como “babosadas” y “chonguengue”. Era sencillo y frugal, pero motivaba a sus estudiantes a montar obras de teatro y organizar exóticas celebraciones. Nunca parecía llevar prisa, pero le urgía enseñar la verdad. En el aula era todo energía, concentración, pasión y fuerza, aunque en meses recientes hacía apacibles siestas en su sillón del salón de profesores. (Descanso merecido, por cierto, pues viajaba desde Xela para impartir sus clases…)

El maestro Keckeissen enseñó a cientos de profesionales en Guatemala y Quetzaltenango los principios básicos de la economía, sobre todo desde la perspectiva de la escuela austríaca. Él fue alumno del famoso seminario de Ludwig von Mises en la Universidad de Nueva York; aprendió a cabalidad la lección y la transmitió con entusiasmo a cuantos pudo. Ese es, de por sí, un gran legado, pero él quería que sus lecciones tuvieran un alcance mayor. Sus lógicas ideas tendrían que moldear actitudes y políticas para paliar la pobreza en su patria adoptiva.

Joe, como le decíamos con cariño, estaba convencido de que no estamos condenados al subdesarrollo. Así lo expresó en Las Causas de la Pobreza en el Tercer Mundo (Tópicos de Actualidad No. 824, CEES, 1996). Nosotros podemos hacer vida lo que Joe predicó, cada uno desde nuestro particular sitio. Convenzámonos de una vez por todas de que no somos pobres por carecer de recursos, ni por culpa de insensibles gobernantes o voraces empresas multinacionales. El desarrollo ha tardado en llegar porque nos hemos aferrado a ciertas estructuras premodernas, mercantilistas e intervencionistas que inhiben la productividad económica. También albergamos algunas ideas erróneas que en esencia nos llevan a eludir responsabilidades, como cuando exigimos al gobierno nacional o a extranjeros que se encarguen de nuestro bienestar. No hay atajo, ni sustituto para “el trabajo arduo, el ahorro, la cooperación, la iniciativa propia”, escribió. Invito a todos los guatemaltecos, especialmente siendo este un año electoral, a ver las conferencias grabadas del Dr. Keckeissen y a leer sus artículos, para que sus valiosas lecciones iluminen nuestras ilusiones y acciones a futuro. QEPD.

Artículo publicado en el diario guatemalateco "Siglo 21", el día miércoles 06 de marzo 2011.