viernes, 15 de abril de 2011

Lecciones de África

Luis Figueroa

República sana es la que respeta la Constitiución.

Laurent Gbagbo no es cualquier cosa; es doctor en Historia por la Universidad de Paris-Diderot, fue activista del socialismo y profesor universitario; se hizo de un nombre respetable al ser puesto en prisión por su oposición a la dictadura de Felix Houphouët-Boigny.

Después de una brillante carrera académica y política, se malogró cuando se convirtió en un dictador obsesivo que se aferró al poder, durante 10 años, hasta que ya no le quedó otra, a pesar de su derrota en las urnas. Derrota que no fue aplastante, porque 46 por ciento de los electores votaron por él. Alessane Ouattara fue el ganador de aquellos comicios y él tiene la tarea de pacificar una sociedad que ha estado envuelta en un conflicto sangriento que ha dejado más de 2 mil víctimas.
¿Qué es de Gbagbo? El y su esposa, Simone –considerada la mano dura del régimen– fueron detenidos y están en un cuartel. Según Ouattara, Laurent, su señora y sus colaboradores serán procesados judicialmente; y ha sido conformada una comisión de la verdad y la reconciliación.

La historia está simplificada, por cierto; pero yo veo varias lecciones en ella: como escribió Lord Acton, “el poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Deshacerse de una dictadura es más difícil y sangriento que contribuir –por acción, u omisión– al establecimiento de una. Si se pierde el respeto a la institucionalidad, y a la Constitución, una dictadura puede llevar a otra, y a otra. La polarización puede convertirse en violencia. Detrás de un dictador, muchas veces hay una señora brava.

La preservación de la república y sus instituciones, pues, debería ser de interés para aquellos que entienden que no es posible la prosperidad sin cooperación social pacífica. Y por eso es que para la preservación de la república, y sus instituciones, son inútiles las elites clientelistas, pusilánimes y serviles. Cualquiera con dinero para hacerlo puede juntar un millón o dos millones de peticionarios para cualquier disparate. Y cualquiera, con dinero de los tributarios y algo de talento, puede obtener 40 por ciento de votos. Empero, la institucionalidad y la constitucionalidad no deben ser rendidas frente a la demagogia. Una república sana no es una veleta que se voltea a donde sopla el viento; sino una en la que se respeta la Constitución.

Por eso es que, como canta Toto, “I bless the rains down in Africa”. www.luisfi61.com.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "El Periódico", el día viernes 15 de abril 2011.