viernes, 15 de abril de 2011

Política: el factor gay

Estuardo Zapeta

Ha abierto Pérez Molina una oportunidad a sus competidores, sobre todo si se llega a conocer cuántos gais son parte de su equipo.

Fue el presidenciable del Partido Patriota quien respondió tajantemente que de llegar al poder no permitiría “el matrimonio gay”.

Supongo que los asesores habrán visto desde ya el acercamiento de un debate que parecerá “primermundista”, pero que aquí será tratado, dado nuestro modelo partidocrático, de manera tribal.

Infiero que ellas y ellos están en un frente contra todos los gais, y marcan su territorio heterosexual –de un color hipergay, naranja— e invitan, de manera subliminal, a todos “patriotas gais” a agarrar sus “arco iris” y abandonar el anaranjado barco e irse a posiciones políticas más gay-friendly.

Pero los asesores no se percataron de que en política existe un consejo que va precisamente en la línea acerca que un político jamás busca tener al movimiento “gay” en su contra.

Léase: “Los gais no son bienvenidos en el Patriota, y deberán buscar, si encuentran otra plataforma política. Y los que se queden deberán atenerse a una especie de bullying naranja.”

Supongo que todos los gais y lesbianas que actualmente pertenecen al partido Patriota, saldrán, no del clóset, sino de ese partido de manera discreta, por la puerta de atrás, y dejarán en su camino alguna muestra de descontento por el rechazo mostrado. Outing puede ser una reacción de estas almas en retirada.

Que si la reacción del susodicho es normal dada su posición de “derecha conservadora”, pues yo supongo que sí, pero no por “normal” es necesariamente “correcta”.

Como libertario, y por principio “antiderechista”, argumento que un mejor camino es el de la libertad individual, en el cual la persona humana, hombre, mujer, gay, lesbiana, heterosexual, monógama, polígama, célibe, evangélica, católica, atea o lo que quiera ser decide de manera responsable y asumiendo las consecuencias y los costos de esas decisiones, el camino de su vida privada.

Por eso también me parece criticable e insostenible que el movimiento gay exija la legalización del “matrimonio entre gais”, cuando tal minoritaria y caduca “institución” está tan desgastada como los políticos que la aprobarían. Las “uniones gais” son decisiones individuales, como cualquier otro tipo de “unión de hecho”, y el Estado no deberá tener injerencia ni responsabilidades en tal decisión individual.

No sorprendería en Guatemala que la posición del presidenciable Pérez reafirme algunos adeptos, sobre todo los del “ala religiosa” y los derechistas. Pero cuidado, Hitler inició con la persecución de gais y gitanos, y concluyó con el Holocausto de los “diferentes”. Ha abierto Pérez Molina una oportunidad a sus competidores, sobre todo si se llega a conocer cuántos gais son parte de su equipo de trabajo, o formarían parte de una futura administración.

En este sentido, y si es consecuente con su discurso derechista, supongo que Pérez Molina también se opondrá con vehemencia, como lo hace contra los gais, a la infidelidad matrimonial, y pontificará acerca de la “familia”. No estoy muy seguro de que los políticos tengan suficiente boca y solvencia para exhortarnos en ese tema.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día viernes 15 de abril 2011.