jueves, 5 de mayo de 2011

Eso no es capitalismo

Federico Bauer Rodríguez

Un sistema sin buena prensa, aunque buenos resultados.

Desde 1848, con la publicación del Manifiesto Comunista, la humanidad ha experimentado muchas veces con sistemas económicos socialistas –medios de producción en propiedad del Estado– y todos estos experimentos han fracasado más temprano que tarde, con un costo de más de 100 millones de víctimas directas y la depauperación de más de 2 millardos de seres humanos.

Paralelamente, muchos países han adoptado el sistema económico en el cual los medios de producción son propiedad privada y el mercado asigna los recursos de la manera más económica; este sistema, denominado capitalismo, ha creado una economía global superior a los US$60 billones anuales y ha legado a la humanidad todos los avances en medicina, comunicaciones, transporte, alimentación y millones de cosas que hoy gozamos como si hubieran venido del cielo.

Actualmente, el capitalismo como sistema económico ha sido adoptado por la mayoría de las naciones, aun por algunas como China y Vietnam que tienen gobiernos comunistas. El número de capitalistas, entendido como todos aquellos que son dueños de algún medio de producción, es enorme, ya que podemos contar en este gremio a los pequeños empresarios y a todos los trabajadores que tienen acciones de empresas, a través de sus fondos mutuos y planes de retiro de capitalización individual. Indirectamente, los habitantes de los países que tienen fondos soberanos, los cuales invierten en bienes de capital, también son capitalistas; en este grupo tenemos a China con más de US$800 millardos, la UAE con casi US$700 millardos, Noruega con casi US$600 millardos, Arabia Saudita con más de US$400 millardos, Singapur con US$400 millardos, Hong Kong, Kuwait, Qatar y otros.

Desafortunadamente el capitalismo nunca ha recibido buena prensa, porque es parte de la naturaleza humana aprovecharse de cualquier sistema, tanto del capitalismo como del socialismo y su hermano el populismo, de la social democracia, la religión, la educación y muchísimos ejemplos más de cómo un pequeño porcentaje de personas tratan de manipular cualquier sistema que forma parte integral de ese gran sistema que llamamos sociedad.

Hay dos tipos de límites a los abusos en dichos sistemas: el Estado de Derecho y las regulaciones. En efecto, en las sociedades en que el Estado de Derecho se ha desarrollado, o que se ha alcanzado un nivel de regulación eficaz, las violaciones a los sistemas se han minimizado y sus miembros no tienen que sufrir lo que conocemos como riesgo sistémico.

En mis dos columnas anteriores, en las que comenté la película/documental Inside Job, traté de desenmascarar el contubernio que existe entre Washington y Wall Street con el fin de manipular los mercados financieros; eso no es capitalismo. Obama prometió cambiar el sistema, pero su asesor Summers, y su secretario del Tesoro Geithner, debieran estar presos por su complicidad en la corrupción del mercado financiero, y no en la Casa Blanca desde donde continúan protegiendo a las mismas figuras de los últimos 30 años.

El sector financiero gasta cada año varios millardos de dólares en cabilderos (lobbyists) quienes compran a diputados y senadores –eso tampoco es capitalismo–, sino ese sistema corrupto llamado mercantilismo al cual algunos ignorantes le llaman neoliberalismo. Actualmente existen suficientes regulaciones y reguladores para evitar este tipo de crisis financieras que tienen repercusiones globales. Es tarea del Estado ejercer una supervisión efectiva o permitir una autorregulación del sector involucrado.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "El Periodico", el día jueves 05 de mayo 2011.